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jueves, 3 de febrero de 2011

Patio 42: la recuperación de la dignidad democrática

Recuerdo en estos días a María. María tenía pasado ya los ochenta cuando vino a Toledo en busca de su padre. Él había sido destinado en nuestra ciudad como chófer,  pues esa era su profesión. Aquí estaba hacía varios meses. A pesar del asedio que sufría la ciudad desde el Alcázar, se respiraba cierta tranquilidad que permitía disfrutar de un permiso para ir a ver a la familia y recoger un paquete con ropa limpia y poco más. Se iba pasando el caliente verano y se sucedían las visitas y los paquetes. Pasó agosto y llegó septiembre. Pudo ser en Talavera del Tajo, pudo ser en Badajoz. Pero el padre de María ya no regresó de Toledo. El día 27 de septiembre de 1936, el General Varela al frente del ejército de África, comunicaba la toma de la ciudad al general Franco. El 28 tras la resistencia de la Fábrica de Armas, el ejército conquistador traspasaba las murallas mientras Moscardó despedía a los toledanos a cañonazos. Una entrada memorable en la que la sangre roja bajaba al Tajo. Lo dicen los testimonios del embajador americano y del oficial alemán. Lo registró el libro de registro del Cementerio Municipal de Toledo: entre el 27 de septiembre y el 13 de octubre, ambos incluidos, fueron registrados, en sucesivas tandas, un total de 727 cadáveres, bajo la escueta anotación de desconocidos. Los carros bajaban de la ciudad llenos de cadáveres: el día 1 de octubre cinco tandas de 33 asesinados; el día 2 de octubre seis tandas de 36, 33, 35, 49, 35 y 34 desconocidos. A octubre siguió noviembre: el 6 fueron 20 lo asesinados, el 17 fueron 19. A noviembre le siguió diciembre, a 1936 (915) le siguió 1937 (14), 1938 (41), 1939 (77). Después de estallar la guerra, Franco hizo estallar la paz. En 1940 fueron 165 lo asesinados, 38 en 1941, 31 en 1942 y 6 en 1943 Con nombres y apellidos, procedentes de la cárcel 1, de la dos o de la cinco; en el patio 19,  el 31, o el 43..;en la fosa 6, 88, o 94; el cadáver primero, el tercero, o el diecinueve; unos sobre otros, los muertos de España se enterraban. Pasó la noche oscura y María sigue buscando.

El Ayuntamiento de Toledo ha procedido a la dignificación del Patio 42 con la protección de los restos de los republicanos y los pobres. Anteriormente, hasta que Franco lo llenó, se enterraban allí a los más pobres, de ahí su nombre Patio de Caridad. Quizás eso explica los fáciles arrebatos de las excavadoras que hacían visibles los restos humanos hasta hace pocas fechas. Dignificación y reconocimiento. Pues se rinde homenaje a los asesinados por el fascismo.


Un paso más en la recuperación de nuestra dignidad democrática y en la recuperación de nuestra historia. Pequeños pasos que hemos ido dando en esta legislatura de gobierno. Toledo ha retirado la medalla de oro de la ciudad concedida a Franco en 1939, porque a pesar de que “no concurre ninguna condición de las estipuladas como meritorias”, en realidad poco importaba pues “todas ellas insignificantes ante la grandeza de los méritos y la labor desarrollados en los tres años que lleva ejerciendo los destinos de la Nación”. En nuestras calles ya no hay dedicatorias a José Antonio Primo de Rivera, ni a Varela, ni a Moscardó. En nuestro Ayuntamiento, ya no hay una placa, dura y plana como el mismísimo franquismo, dedicada al General por traernos el agua cuando antes nos trajo la sangre. Siguen fosas mudas hablando del pasado en el cementerio, con nombres y apellidos. A  pesar del frío, con el viento del sur parece que la primavera se acerca. Las rosas rojas siguen naciendo.


Aurelio San Emeterio Fernández.
Concejal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Toledo.