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jueves, 21 de julio de 2011

Carta a los camaradas asesinados en Menasalbas


Queridos camaradas:
Y os llamo camaradas, porque me parece la palabra más apropiada para dirigirme a vosotros, ya que no llevo vuestra misma sangre y, sin embargo, mi mente está poblada de las mismas ideas de Justicia y Libertad que poblaban las vuestras. No es lo mismo que decir hijo, nieto, hermano, sobrino…  aunque es casi igual de familiar, porque para nosotros –y para vosotros- decir camarada es compartir ideas y lucha por un mundo mejor, aunque nos cueste la vida, como fue en vuestro caso. Decir camarada es vivir juntos muchas cosas: alegrías, penas, éxitos, fracasos, sonrisas, lágrimas, abrazos, canciones, ideas, experiencias, lucha…. solidaridad en suma, fraternidad humana. Quizás por eso, una buen día de hace ya casi diez años algunos decidimos salir de casa y buscaros.  A vosotros, y a miles más que, como vosotros, habían sido olvidados, a pesar de que cada minuto de vuestra vida estaba dedicado a cambiar y mejorar lo que os rodeaba.
Hasta hace muy poco, erais un amasijo de huesos olvidados bajo un palmo de tierra al pie del muro donde os asesinaron. Hoy, a pesar de las dificultades y los obstáculos, hemos conseguido que se os honre como los que fuisteis en vida: héroes. Pero no héroes para recordar con nostalgia y venir a visitar de vez en cuando este hermoso monumento que os recuerda, sino auténticos referentes para unos tiempos que aunque parezcan mejores que los que vivisteis, siguen estando bajo la amenaza constante del triunfo de la mezquindad que el egoísmo entraña. El escenario es distinto, pero las causas siguen siendo las mismas. Los que menos tienen intentando ampliar los horizontes de libertad y justicia y los poderosos intentando impedirlo. Es la Historia, la de siempre, desde Espartaco hasta nuestros días, pasando por miles de luchas, entre las que se encuentran la vuestra de aquellos años, y que juntas, engloban la gran causa del género humano por su emancipación.
Recuperamos vuestra memoria para recordar que un día, nosotros, este pueblo de trabajadores de toda clase, fuimos tan fuertes que estuvimos a punto de ahogar la tirania de los poderosos en un mar de Libertad y Justicia, y para recordar a los que hoy mandan en el mundo –y a nosotros mismos- que, aunque nos derroten una y mil veces, nunca nos daremos por vencidos y seguiremos luchando hasta el fin. Como hicistéis vosotros.
Los hombres y mujeres que estamos hoy aquí con vosotros, caminamos soñando que un gran movimiento popular investido de otros valores distintos a los que hoy gobiernan el mundo avanza sin descanso, que la gente se organiza y lucha. Queremos contribuir a ello con nuestro trabajo recuperando la memoria y compartir la tarea con miles de personas. Hemos tenido que sortear miles de dificultades, asumir cientos de errores, sufrir varias derrotas, y sin embargo, siempre hemos dado un paso más y estamos dispuestos a seguir dándolos.
No hacemos esto sólo por las familias, por hacer avanzar la democracia o por que los Derechos Humanos no sean sólo palabras huecas; lo hacemos por nosotros mismos, porque no podemos vivir tranquilos ni un día pensando que hay miles de compañeros y camaradas asesinados desperdigados en desconocidas fosas comunes, en lugares inhóspitos. Hacemos esto porque la hegemonía cultural dominante es tan tremenda que asesina la mente de millones de personas, las transforma en muertos vivientes; no podemos sentarnos y cruzarnos de brazos viendo como este genocidio mental se abre paso a marchas forzadas.  Tratamos de recuperar nuestra dignidad por no haber emprendido antes esta lucha y, al mismo tiempo, tratamos de mirarnos en vosotros, nuestros muertos, para intentar descubrir el camino que nos lleve a mejorar el mundo. ¿Cómo puede haber alguien indiferente ante una situación así? Todos nos vimos afectados por los muertos del 11 de marzo de 2004 en Madrid, nos sentimos dolidos por las imágenes de iraquíes torturados, indignados por los niños palestinos asesinados o por el pueblo libio bombardeado y, sin embargo, las miles de personas exterminadas por el fascismo en nuestro país parece que no importan. Para el Estado son propiedad privada y que las familias se las apañen con una pequeña limosna, para otros, algo que ocurrió hace tiempo y es mejor no remover, otros lo ven como una cuestión exótica y muy pocos se implican; algunos lo entienden, pero no se levantan del sofá de casa y retiran la mirada del televisor asesino para actuar. Que cada uno de los que hoy está aquí lo diga a otros, que la tarea sólo está empezando, que defendiendo los derechos de nuestros muertos estamos poniendo la primera piedra para construir el mejor futuro para nuestros hijos. Que todo es complicado, pero puede conseguirse con voluntad y un poco de organización.
No pensamos parar, no podemos parar. Disteis vuestra vida por nosotros, tenemos que tratar de daros la nuestra de la mejor forma que sepamos y podamos. Queremos hacerlo bien, no de cualquier forma, con criterios que a vosotros os hubieran parecido correctos. Intentamos ser como vosotros, seguir vuestro ejemplo día a día, para tratar de comprender qué pensabais y cómo luchabais. Queremos un lugar entre vosotros, queremos ser uno de vosotros, queremos sentir que vuestro espíritu y vuestros pensamientos entran en nosotros, soñar vuestros sueños, vuestros anhelos y vuestras utopías, luchar por lo mismo, por la Libertad, si, la LIBERTAD, en mayúsculas, esa Libertad que sin derechos sociales y económicos garantizados para toda la Humanidad no vale nada.
A veces estamos cansados, pero nos tomamos un respiro y continuamos, seguimos renunciando a muchas cosas todos los días, a casi todo, menos a recuperar vuestra memoria y la de todos los compañeros y camaradas víctimas del fascismo, pero no por conseguir votos, ni dinero, sino porque nos enseñáis y señaláis el camino a todos los que luchamos por la emancipación del género humano.
Y en la paz de la noche, soñamos con miles de puños alzados de miles de compañeros y camaradas que cantan nuestras canciones; las imágenes de los que caísteis ayer se entremezclan con las de los que luchamos hoy y vemos como nuestras viejas banderas son recuperadas, traídas de la mano por vosotros, nuestros muertos. Luchabais por la Libertad y nosotros hacemos lo mismo, os mataron por que defendíais las mismas causas que nosotros. Por eso recuperamos vuestra memoria rescatando lo que queda de vuestros cuerpos y os enterramos como vosotros hubierais enterrado a un camarada o un compañero asesinado y, al ser asesinados, vamos a seguir denunciando los hechos ante la Justicia, vamos a estudiar los enterramientos buscando las pruebas incontestables de este exterminio planificado…y también vamos a seguir recuperando y hablando de vuestras ideas. ¿Alguien sigue pensando a estas alturas que luchabais por una monarquía parlamentaria? ¿Alguien sigue pensando que luchabais para sustituir una dictadura fascista por una dictadura de mercado disfrazada de democracia? Luchabais bajo la bandera de una república democrática de trabajadores de toda clase organizados en un régimen de Libertad y Justicia. Sin embargo, hoy en día, vivimos en un régimen monárquico controlado por banqueros y especuladores de toda clase, por mucho derecho a voto que tengamos cada cuatro años.
Un militante de verdad tiene vinculaciones invisibles con sus camaradas y compañeros, lazos tan o más fuertes que los proporcionados por los propios genes; se tienen sentimientos y pensamientos comunes, prácticas comunes, formas de vida comunes ¿Quiénes dirigían las casas del pueblo y los ateneos, las cooperativas, las sociedades obreras, los sindicatos, las asociaciones, sino vosotros? ¿Es que acaso piensan que, aunque pocos, ya no quedamos militantes para los que la política no es sólo presentarse a unas elecciones? ¿Y que les ocurre a los militantes? ¿Ya no saben lo que es hacer un trabajo de vanguardia? ¿Tan profunda ha sido la derrota que sólo luchan por salir en la prensa o situarse en una lista electoral? ¿Os dais cuenta de porque es tan importante recuperar vuestra Memoria? Vosotros nos enseñáis muchas cosas, sobre todo la generosidad absoluta de dar la vida por aquello en que se cree.
Os quedasteis tan solos, amontonados unos sobre otros en cualquier lugar recóndito. Vuestros cuerpos pertenecían a personas que trabajaban, que amaban, que pensaban, que soñaban con la Libertad, con un porvenir mejor. Erais hombres y mujeres que tras sus duras jornadas de trabajo os reuníais, os organizabais, luchabais contra las injusticias, defendíais una República esperanzadora que trajera mejores condiciones de vida para vosotros y los vuestros. ¿No hacemos nosotros lo mismo? ¿Acaso llevar vuestros restos mortales a un cementerio os va a devolver la dignidad?¿O tal vez la dignidad está en intentar hacer lo que hicisteis y que vosotros nunca perdisteis la dignidad?
Sabemos que tendremos que luchar aún mucho, que quedan décadas hasta terminar la tarea que nos hemos propuesto y que somos seres humanos, que tratamos de vivir con valores muy ajenos a los del mundo y los tiempos que nos han tocado vivir, que nuestra condición humana se ve afectada en muchas ocasiones por la presión de la sociedad que nos rodea. No somos perfectos, pero intentamos serlo, no tenemos la verdad absoluta, pero intentamos buscarla. Algunas veces, motivaciones externas a nuestra forma de pensar nos hacen ser ajenos a los valores que decimos defender, pero lo que importa es el espíritu que intentamos conservar. Los Foros por la Memoria ya son algo más que una idea y, al final, esos defectos se ven arrastrados por el pensamiento fuerte que nos une.
Esta es la forma de vivir de los hombres y mujeres que hemos intentado, al recuperar vuestros restos, recuperar vuestra memoria: una vida difícil de trabajadores que, tras la jornada laboral, tratan de hacer lo que pueden por mejorar este mundo, luchando constantemente contra la cultura imperante, y luchando constantemente contra nosotros mismos, contra aquellos pensamientos externos que, a veces, nos hacen dudar y apartarnos de los planteamientos y el talante que queremos defender. Pero por eso tenemos que continuar, para que cambien los pensamientos hegemónicos actualmente en la sociedad, para que la Solidaridad sustituya al egoísmo, para que la Libertad no sea una palabra hueca, para que los valores humanos sean la base de las relaciones sociales, para que la economía sirva a las personas y no al contrario. La recuperación de la Memoria Histórica debe servir a estos propósitos, por eso no tiene cabida el egoísmo. Sólo la generosidad y la dedicación más absolutas, sabiendo que se cometerán errores, conociendo de antemano que todos fallamos en algunas ocasiones; pero también con modestia, para ser capaces de descubrir cuando erramos y cuando fallamos, no para humillarnos, sino para solucionar y reparar aquello en lo que nos hayamos equivocado. Se avanza mucho más equivocándose actuando que pasándose la vida debatiendo como acometer perfectamente una acción que no se realizará nunca.
Siempre definimos a nuestra organización como la suma de tres valores: el amor, el rigor y la lucha. Sobre estos tres elementos seguiremos avanzando en nuestro trabajo, porque el amor no será tal si no hay rigor ni esfuerzo, ni el rigor frío del científico será capaz de dar respuesta a los sentimientos y servirlos, y si el esfuerzo no se enfoca hacia la tarea a realizar tampoco rendirá los frutos deseados. Sólo sumando estos valores y a las personas que los encarnan llegaremos a hacer realidad los sueños de aquellos que luchasteis y moristeis por un mundo mejor; cuando lo hayamos conseguido podremos hablar de dignidad.